Sonrisas que matan

Imagen de Europa Press

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Siempre te dicen que una sonrisa es lo más bello de una persona. Que es una línea curva capaz de enderezar el momento más complicado. Que más vale sonreír de manera triste que tener la tristeza de no poder sonreír… Y, sin embargo, la sonrisa que está sobre estas líneas es la más desgarradora y la más horrenda de cuantas he visto.

Es la sonrisa de una asesina sanguinaria, de una persona que no se arrepiente de nada. Su sonrisa únicamente alienta el dolor de quienes han tenido que padecer su demencia terrorista.

Sí. Es legal. Está en la calle porque es lo que ha marcado la Justicia y el Derecho. Pero qué mierda que esa sonrisa esté en la calle. Su sonrisa me duele y me mata. Y a sus víctimas las vuelve a matar de nuevo.

Mejor no sigo escribiendo.

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Bloody Sunday

Hoy se cumplen 40 años del ‘Domingo Sangriento’. En este enlace podéis ver un estupendo especial publicado por The Guardian. Ese día propició una de las canciones más espectaculares jamás escrita, con el mismo nombre, de U2. Hace unos diez años también se rodó esta película. Es una de mis favoritas, una de mis fundamentales. Hoy puede que vuelva a verla, para no olvidar uno de los días más duros de la historia de Irlanda del Norte.


Que sea el fin

Hablar de ETA me da miedo. Por lo que han hecho, por lo que piensan y, sobre todo, por lo que pueden llegar a hacer si se les vuelve a dar alas. Quizá me esté metiendo donde nadie me llama porque quizá el conocimiento que tenga del tema no sea tan profundo como me gustaría.
La Conferencia de Paz que hoy se está celebrando en San Sebastián está plagada de polémica. Por algunas declaraciones, por las ausencias, por algunos errores que están cometiendo quienes siguen llamando a ETA grupo separatista en lugar de terroristas, la BBC por ejemplo…
Parece ser que mañana ETA va a anunciar algo muy gordo. Tienen una rueda de prensa a las 11.30 horas en un hotel de San Sebastián y han manifestado que será muy ‘solemne’ (no sé qué quiere decir). Quizá anuncien que dejan las armas para siempre.
Sinceramente, ojalá.
Han sido muchos años en los que cualquiera de nosotros podía ser víctima simplemente por pensar diferente o por estar en el lugar inadecuado. Se habla mucho del modo en que debe acabarse con ETA. Dicen los más ‘buenistas’ que no debería haber ‘vencedores y vencidos’. Yo no estoy en ese lado. Quiero que haya vencidos. Y que esos vencidos pidan perdón a los vencedores. Es un derecho que se merecen quienes han de acudir a los cementerios a ver a sus hijos, a sus familiares, a sus amigos…
Hubo un tiempo en que pensé que con el diálogo se llegaría lejos para acabar con ETA. Era lo mismo que pensaba Ernest Lluch, a quien asesinaron en el garaje de su casa y quien, a buen seguro, si tuvo la oportunidad de mirar a la cara a su verdugo antes de caer, intentó convencerle de que no lo hiciera. Tras esa muerte y tras varias conversaciones con personas que han vivido en primera persona lo que es un atentado, un coche bomba, un disparo a quemarropa… No me sirve el diálogo.
Sólo es necesario que abandonen las armas. He visto miradas perdidas de hombres fuertes buscando respuestas a un infinito que sólo les devolvía el recuerdo de un coche ardiendo en llamas con compañeros muertos. He escuchado relatos quebrados de madres que aún recogen las habitaciones que sus hijos ya no volverán a ocupar. He consolado a adolescentes que perdieron a sus padres cuando aún eran demasiado pequeños para comprender…
Quiero que ETA diga: ‘Hemos abandonado las armas. Pedimos perdón a todas las víctimas’. Es el comunicado que quiero que lean.
Las víctimas se merecen un final donde haya diginidad y justicia para ellos. Quieren un perdón, pero sobre todo quieren que sea sincero. Ansían que nadie más sufra lo que ellos han padecido.