Esos deportes con jueces…

Javier Fernández Sochi

Aunque ahora que lo pienso… todos los deportes tienen jueces. Sí, siempre hay alguien impartiendo justicia o injusticia según quien lo mire. Quizá debiera haber titulado mi entrada, esos deportes con nota. En realidad, sería mucho más ajustado a la realidad.

Con los Juegos Olímpicos de invierno en Sochi en plena ebullición, la verdad es que he visto algún que otro rato de competiciones que, si bien es cierto que son espectaculares, no me entero de nada. A saber: patinaje, half pipe de snowboard, esquí estilo libre y varios más que, la verdad, no logro a recordar su nombre.

Vaya por delante que no es una crítica a los deportes en los que hay nota. Son bellos. El patinaje, la gimnasia, los saltos de trampolín (en piscina, me refiero), todos resultan muy atractivos para el espectador que no tiene ni idea, mi caso. Pero del mismo modo resulta muy complicado seguir con su desarrollo porque no sabes cómo puntúan los jueces y qué criterios utilizan.

De repente ves a un patinador o una patinadora deslizarse por el hielo con una gracia increíble y que a ti te costará siglos y siglos poder emularles y, de repente, resulta que un juez sueco y otro ruso han detectado que en vete a saber qué movimiento su técnica no ha sido la adecuada. Y te quedas pensando… ‘Ah, pues vale’. Pues yo pensaba que lo había hecho de cine. En estos deportes con notas sólo te enteras que alguien la caga… cuando se cae. Ni más ni menos.

Quizá es que yo sea más simple. O quizá la concepción de entender el deporte como sustituto de la belicosidad del ser humano (ampliamente tratada en la bibliografía deportiva) me ha llevado a contemplar estos deportes como meros espectáculos visuales. Muy bellos… pero con cero de competitividad de cara a un espectador como yo. Y que nadie se violente cuando digo esto. O sí, me da igual. Pero el caso es que en cualquier otro deporte todo el mundo sabe perfectamente lo que ha de hacer. Obtener más puntos o goles que el rival, llegar el primero a la meta, saltar más alto o más lejos, lanzar algo cuanto más lejos mejor… En fin, sencillo.

Cualquiera que se aproxime a, por ejemplo, un partido de balonmano sabrá que gana el que lleva más goles, sin más estridencias. El que se aproxima a una pista de patinaje por primera vez sabrá que estará viendo un espectáculo fantástico pero que, sin unas nociones previas de cómo califican los jueces, estará más perdido que un pulpo en un garaje.

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El mejor equipo de la historia

Racing de Santander

Hablan y hablan y hablan sin parar los que saben de fútbol acerca de cuál ha sido el mejor equipo de la historia de este deporte. Son más de 150 años de peleas en campos. De aquellos barrizales decimonónicos a las superestructuras futuristas del presente. Miles de equipos, millones de jugadores repartidos por todo mundo, centenares de goles que han destrozado gargantas de fieles aficionados.

Hablan de aquellos finales del siglo XIX cuando la primera liga de la historia del fútbol veía vencer casi de manera irremediable a un Aston Villa que comenzaba a forjar su fama de villanos. Pasaron los años y llegó una selección uruguaya capaz de ganar dos campeonatos olímpicos y la primera Copa del Mundo de la historia. Le sucede una selección italiana que se alza con dos mundiales consecutivos antes del inicio de la Gran Guerra.

Tras el cese de las bombas, el Torino es el mejor equipo de Italia y muchos de los que ven a aquella escuadra afirman sin rubor que nunca jamás vieron jugar a nadie al fútbol como aquellos jugadores. Futbolistas que perdieron la vida en la tragedia de Superga cuando el avión en el que viajaba ese equipo chocaba contra el muro de una basílica ubicada a las afueras de Turín. La Hungría poderosa tomaría el relevo para ser considerado el mejor equipo. Pero aquel equipo no alcanzó la gloria. Fueron tan superiores que se olvidaron de ganar el Mundial del 54 ante la República Federal de Alemania.

Un joven Pelé dominaría el fútbol de selecciones durante doce años. Tres mundiales para Brasil con el éxtasis de su participación del 70′, cuando el ‘jogo bonito’ adquiere tintes sublimes. Rivalizaría en poder con un Real Madrid que dominaba en el Viejo Continente con cinco Copas de Europa consecutivos y seis en diez años. Y en América, Peñarol de Montevideo e Independiente de Avellanada se reparten el dominio en la Libertadores.

Europa asiste con júbilo al Inter de Luis Suárez, al Ajax de Cruyff, al Bayern de Münich de Beckenbauer que también domina los torneos de selecciones con Alemania. Llegan los 80′ y Maradona es la figura del fútbol mundial pero sus equipos no son vistosos. Domina el Milán de Sacchi y el Real Madrid de la ‘Quinta del Buitre’. Mientras, se gesta el ‘Dream Team’ del F.C. Barcelona. Y así sigue el fútbol. Con un Zidane que lleva a Francia a la gloria y un Real Madrid que reverdece viejos laureles europeos en el cambio de milenio con tres Copas de Europa más.

Maravilla España entre 2008 y 2012 encadenando dos Eurocopas y un Mundial en un ciclo prodigioso que nadie había logrado jamás. Deleita el Barça de Pep Guardiola que gana todos los títulos posibles en un año, en 2009.

Pero ninguno de esos equipos le llegará jamás al que es, para mí, desde ayer el mejor equipo de la historia. El único equipo que ha sabido mantener su dignidad por encima de promesas incumplidas. Que ha sabido ganarse en el campo el respeto de sus rivales y que no ha agachado la cabeza ante los poderosos. El Racing de Santander. Más de 100 años de gestas de un club ‘de provincias’. Que ha vivido más sinsabores que alegrías pero que ha paseado con orgullo a su ciudad y a Cantabria por toda España y, en una ocasión, voló más alto que nunca por los cielos de la competición europea, donde el champán no suele estar reservado para la clase baja.

El mejor equipo de la historia. El que a partir de hoy sigue manteniendo vivo el sueño del fútbol de verdad. El que se aleja del brillo de los focos y se hunde en los campos donde el futbolista y el aficionado siente el dolor como propio. Donde las alegrías pasean tan despacio que cuando quieres deleitarte con ellas… ya se han esfumado. Cada jugador y cada técnico del Racing han sido un ejemplo. Gracias por mantener la dignidad… a pesar de que os la quieran robar.

Los tertulianos nunca se equivocan

Elisa Beni

Hace más de un mes desde que me pasó lo que os voy a contar. Aunque, en realidad, es sencillo. Podéis verlo en la imagen que está sobre estas palabras.

No pienso engañar a nadie. No me gusta Elisa Beni. No por su forma de pensar, allá cada cual con lo que piense y con su libertad para hacerlo. Me cae mal por su manera de hablar. Muy agresiva, con la sensación de que siempre está en poder de la verdad absoluta y, sobre todo, porque piensa que moralmente es superior a cualquiera que tiene frente a ella. Y eso… es algo que no me gusta.

Sin embargo, está en todas las tertulias. Quizá sea por eso. Por el hecho de que, simplemente, da juego a la televisión o a la radio en que se encuentre en un momento determinado. Chilla, busca aplausos fáciles  y no deja hablar a los demás. Soy de los que suele cambiar de emisora o de canal cuando ella aparece. Sin embargo, hay días en los que te la tienes que tragar.

Lo que veis en la imagen pasó hace casi un mes, como os contaba al inicio. Todos cometemos errores en el lenguaje. Tanto escrito como hablado. Y yo el primero. Procuro no cometerlos, pero entiendo que es prácticamente imposible no hacerlos. Se le llenó la boca con un grandilocuente ‘palabro’: desconsenso.

Me sonó tan extraño que decidí buscar en el diccionario de la RAE. Y, evidentemente, cuando llegué allí, esto fue lo que me encontré: NO EXISTE.

Tras comentárselo vía Twitter al tiempo que ella misma estaba en el programa en cuestión, en este caso ‘Julia en la Onda’ de Onda Cero, ella respondió como veis. Aludiendo a que la palabra estaba perfectamente construida y eso, al parece, en el universo de Elisa Beni es más que suficiente para que la palabra esté bien dicha o sea correcta. Lo dicho, entiendo el error: por la rapidez o la fugacidad del momento o la vehemencia en el debate… pero no entiendo que si alguien te dice que lo estás haciendo mal te salte con tan pueril argumento de ‘está bien construida’.

¿Son los contertulios o tertulianos seres superiores a los demás y que se creen en posesión de la verdad? ¿No aceptan el error propio? Pues sinceramente, qué pena. Y qué pena que la opinión pública esté formada por gentes así. Aunque claro, así nos va.

Por cierto, la respuesta más inteligente a la pregunta que realicé en mi Facebook acerca de si se podría aceptar como válida una palabra ‘bien construida’ me la dio la profesora de Lengua que tuve en la facultad: ‘antilista también está perfectamente construida pero es mejor utilizar tonta’.

Se lo tenía que haber dicho.

La operación del Rey

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Cada día entiendo menos a los demagogos. Y no por nada, pero es que quizá me esté haciendo viejo y pienso que son muy, pero que muy pesados y, la verdad, a estas alturas del partido, lo que menos me apetece es aguantar tonterías.

La última es respecto a la operación que se le realizará mañana al Rey. No sé si queda algún ingenuo por ahí que se sigue creyendo eso de que todos somos iguales en oportunidades, en derechos y en deberes. Suena de cine, pero es una mentira como una catedral de grande. Y creo que ya somos mayorcitos para que, de vez en cuando, nos tiren esa chorrada. No somos iguales. Ni lo hemos sido ni lo seremos. Y, por supuesto, cuando nosotros mismos tenemos la oportunidad de ser más que alguien… la aprovechamos. Así que lecciones de moralidad, las justitas, por favor.

Y claro, ahí es donde los demagogos saltan enseguida a la yugular. Ven sangre, una herida abierta y se lanzan con el cuchillo entre los dientes para devorar a la víctima. Que si el Rey debería operarse en un hospital público, que si debería estar en lista de espera como el resto de personas… Aysss, pero cuánta ingenuidad y cuánta gana de encabronar al personal que tienen algunos. Sobre todo los de una cierta parte del espectro político que creo que no hace falta que mencione de qué pie cojean.

Bueno sí, los menciono por si alguien no lo ha pillado, Cayo Lara, Gaspar Llamazares y el ‘dipucuqui’ Alberto Garzón. Con su hoz y su martillo tan oxidados como parte de sus ideas.

Sinceramente, me da igual el lugar en el que se opere el Rey. Espero que se recupere pronto. No por nada. No soy especialmente monárquico pero sí respeto la figura del monarca. Se va a operar en una clínica privada, la Quirón, en Madrid. Pues que tenga suerte y que todo salga de maravilla.  Por cierto, no sé si en Madrid pasará lo mismo que, por ejemplo, en la Comunidad Valencia, donde los funcionarios de MUFACE también van a la Quirón a operarse. Por recordarlo. O para informar, que igual los hay que no lo saben.

Hola Cataluña:

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Te escribo esto mientras vives un día festivo en el que todo parece una guerra. Me dicen que te quieren separar del resto de España a pesar de que tú siempre has sido una parte fundamental de nuestro país.

Te conocí cuando tenía 13 años. Fue en un viaje en tren, de esos que duraban doce horas y de esas líneas que hoy puede que ya no existan porque aseguran que no son rentables. Vi una Barcelona en plena transformación. Apenas quedaban un par de años para que albergara los Juegos Olímpicos de 1992, ésos que con tanta ilusión organizaste y en los que contaste con el apoyo masivo del resto de españoles.

Poco después volví. Luego pasaron muchos años hasta que regresé. Y ahora, he retornado con cierta frecuencia para verte porque me gustas.

Te voy a contar algo. No quiere ser un extranjero cuando vaya a verte. Y no quiero que tus habitantes me digan que yo te robo. Y tampoco quiero que me miren mal por sentirme orgulloso de ser español, a pesar de los pesares.

No quiero que me digan que te robo porque no es cierto. Somos un país, una familia en la que la solidaridad es más importante que el egoísmo. Aportas mucho a nuestra riqueza común. Pero tu riqueza ha salido de tus ideas y gracias al trabajo de manos andaluzas, murcianas, extremeñas, castellanas… esas manos que ahora parece que denigras y que tus políticos quieren convertir en manos de ladrones. Pero claro, si hablamos de políticos creo que nadie está para tirar cohetes. Ellos han conseguido que muchas cosas no se puedan hablar en la calle por temor a quedar señalado.

Tus políticos se callan. No les interesa contar lo que se cuece en sus cloacas de poder. Dicen que en el resto de España no se paga por las autopistas mientras que en tu territorio hay un peaje cada pocos kilómetros. Y, sin embargo, tus autopistas tienen mucho que callar. Sobre todo, cuando en otras zonas hemos empezado a tener ese tipo de vías hace no demasiado tiempo.

Me fastidia cuando tus políticos se quejan cuando un ministro español dice que hay que españolizar a los niños catalanes cuando en tu propio gobierno regional se dice y no pasa nada, aunque claro, catalanizar es normal. Es más, se realizan campañas de este tipo en las que se adoctrina a niños pequeños con total impunidad. No diré a lo que me recuerda. Pero seguro que lo tienes en tu cabeza.

Marcas 1714 como la fecha en la que dejaste de ser independiente por culpa de una guerra que jamás fue de Secesión como algunos quieren hacer ver sino de Sucesión. Fijas a Rafael Casanova como un mártir por la libertad de Cataluña pero que siempre se señaló a sí mismo como defensor de España. Te han inventado una historia paralela para que todo encaje en el pérfido plan que han diseñado para ti.

¿No te das cuenta de que te están utilizando para enfrentarnos? Jamás he tenido un problema cuando he ido a verte. Te he visto con mis ojos. Pero también con los ojos de quienes han nacido en tu regazo. Y me han mostrado tus tesoros. Tu idioma, tus bailes, tus fiestas llenas de fuego y ruido. Ya no llamo champán al cava y mataría por una calçotada cuando llegara la temporada. ¿Por qué quieren separarme de ti? ¿Serás mejor sin nosotros? No lo creo. No nos ha ido tan mal y dudo que te fuera mejor. Aunque eso es hacer política ficción.

Me dueles Cataluña. Y me duele lo que han hecho contigo. Gritan encadenados reclamando libertad como aquellos que ansiaban el retorno de Fernando VII con un demoledor “vivan las caenas”. ¿En qué nos diferenciamos? ¿Por qué quieres cambiar el paso ahora? ¿Por qué odias todo lo que venga del resto de España?

No me hagas ser extranjero mirando el Mediterráneo desde Montjuïc o compartiendo una rosa con un libro el 23 de abril, no me hagas sentirme extraño cuando te vuelva a ver.