Himnos


Cuando un equipo de fútbol se identifica con una nación o una etnia, los excesos se multiplican, exacerbados por el delirio popular y por la amplificación de los medios de comunicación. Hasta llegar al absurdo.

No se juega por jugar, se juega para ganar. El fútbol de masas satisface así el perverso deseo de enfrentarse a un enemigo para definir mejor la identidad nacional. El odio por el odio se suma al aborrecimiento gratuito, sin razón, sin causa. A menudo, por la exaltación de una idea necrósica de la nación.

El fútbol es la guerra. Ignacio Ramonet

… En fin, que me encantaría que aunque simplemente fuera por respeto hoy no se pitara el himno de España en la final de la Copa del Rey. Y no por ser el de España, simplemente porque cualquier himno merece ser escuchado en silencio.

Que sea el fin

Hablar de ETA me da miedo. Por lo que han hecho, por lo que piensan y, sobre todo, por lo que pueden llegar a hacer si se les vuelve a dar alas. Quizá me esté metiendo donde nadie me llama porque quizá el conocimiento que tenga del tema no sea tan profundo como me gustaría.
La Conferencia de Paz que hoy se está celebrando en San Sebastián está plagada de polémica. Por algunas declaraciones, por las ausencias, por algunos errores que están cometiendo quienes siguen llamando a ETA grupo separatista en lugar de terroristas, la BBC por ejemplo…
Parece ser que mañana ETA va a anunciar algo muy gordo. Tienen una rueda de prensa a las 11.30 horas en un hotel de San Sebastián y han manifestado que será muy ‘solemne’ (no sé qué quiere decir). Quizá anuncien que dejan las armas para siempre.
Sinceramente, ojalá.
Han sido muchos años en los que cualquiera de nosotros podía ser víctima simplemente por pensar diferente o por estar en el lugar inadecuado. Se habla mucho del modo en que debe acabarse con ETA. Dicen los más ‘buenistas’ que no debería haber ‘vencedores y vencidos’. Yo no estoy en ese lado. Quiero que haya vencidos. Y que esos vencidos pidan perdón a los vencedores. Es un derecho que se merecen quienes han de acudir a los cementerios a ver a sus hijos, a sus familiares, a sus amigos…
Hubo un tiempo en que pensé que con el diálogo se llegaría lejos para acabar con ETA. Era lo mismo que pensaba Ernest Lluch, a quien asesinaron en el garaje de su casa y quien, a buen seguro, si tuvo la oportunidad de mirar a la cara a su verdugo antes de caer, intentó convencerle de que no lo hiciera. Tras esa muerte y tras varias conversaciones con personas que han vivido en primera persona lo que es un atentado, un coche bomba, un disparo a quemarropa… No me sirve el diálogo.
Sólo es necesario que abandonen las armas. He visto miradas perdidas de hombres fuertes buscando respuestas a un infinito que sólo les devolvía el recuerdo de un coche ardiendo en llamas con compañeros muertos. He escuchado relatos quebrados de madres que aún recogen las habitaciones que sus hijos ya no volverán a ocupar. He consolado a adolescentes que perdieron a sus padres cuando aún eran demasiado pequeños para comprender…
Quiero que ETA diga: ‘Hemos abandonado las armas. Pedimos perdón a todas las víctimas’. Es el comunicado que quiero que lean.
Las víctimas se merecen un final donde haya diginidad y justicia para ellos. Quieren un perdón, pero sobre todo quieren que sea sincero. Ansían que nadie más sufra lo que ellos han padecido.

Un churro


Así ha sido cómo me ha salido esta mañana el examen de Teoría Política del Estado I (El Estado y sus instituciones). Un verdadero desastre. Cierto que, pese a mis desvelos nocturnos, no lo llevaba preparado como debía (falta de tiempo después del trabajo) pero es que encima, encima, nos lo han puesto más chungo que ni sé.

Para empezar, la primera pregunta ni sabía que existía. Se trataba de hablar sobre ‘los límites de la asimetría federal como respuesta a la adversidad’ (¿?), pero ni idea, ni idea, total inventada.

La segunda era sobre el único tema sobre el que no había cogido apuntes, desastre total. La tercera no fue mal, y la de desarrollo… quizá tenía que haberla desarrollado más. Con todo, pues que me temo que en septiembre ya tendré plan, volver a centrarme en esta asignatura. Un pena. Pero es que el examen al margen de difícil no comenzó todo lo bien que me hubiera gustado, a las tres líneas de iniciada su redacción se me acaba el boli… Señor profesor, nadie me dijo que sería fácil… pero no me dijeron que, además, tendría que luchar contra los elementos.

En fin, lo dicho, que un churro de examen. 

PD: Gracias a todos los que me habéis ido dejando mensajes en diversas entradas del blog y que no he podido responder. Os los agradezco. Los he leído pero me ha sido imposible ponerme con ellos. Muaks.

La ola

Cuando vi ‘La ola’ hace un par de años se convirtió en una de mis pelis favoritas. Ayer la volvieron a emitir por La2 y me reafirmo en mi consideración. Es una pasada. No sé si alguno de vosotros tuvisteis la fortuna de verla pero si no lo hicisteis os la recomiendo puesto que pienso que no os defraudará.
El director es Dennis Gansel y recrea un ejemplo real acontecido en un instituto estadounidense a mediados de los 60′. Todo surge de una pregunta realizada por un alumno a su profesor ¿por qué los alemanes no se revelaron ante quienes les dirigían pese a observar las atrocidades que cometían? ¿Se podría repetir ese ejemplo en el futuro? El maestro no supo qué contestar. Ese profesor californiano decide hacer un experimento con sus alumnos. En pocos días la situación se le va de las manos.

En ‘La Ola’ la pregunta la realiza el profesor a sus alumnos en la Alemania actual. Comienza entonces un tiempo para la reflexión por parte de los chicos quienes se consideran lo suficientemente capacitados para no dejarse llevar por la masa. Pero no es tan sencillo y pronto todo comenzará a cambiar.

Me parece una de las pelis más interesantes que se ha hecho en los últimos años. Si la habéis visto, ¿qué os pareció? Si no la habéis visto, os prometo que os gustará. Por cierto, llevo un tiempo rendido al cine alemán, creo que hoy en día es junto al británico el mejor cine que se puede ver en Europa.

El discurso de un hombre

Estaba a punto de cumplir 4 años cuando Tejero irrumpió en el Congreso para acabar con nuestra joven democracia. Estos días en los que se recuerdan los 30 años pasados desde entonces, hemos visto cientos de reportajes, miles de imágenes, varias entrevistas con aquellos personajes que mantuvieron en vilo al país durante aquellas interminables horas.
Pero hoy me apetece recordar otro instante. Pocos días antes de aquel pleno en el que se iba a aprobar el cambio en la Presidencia del Gobierno, Adolfo Suárez presentaba su dimisión. Lo hacía público a la ciudadanía con un discurso que es un ejemplo para las generaciones políticas actuales y para las venideras. Una lección de honradez y de valentía.
El 29 de enero de 1981 cerca de las ocho de la tarde el presidente Suárez entonaba un emotivo discurso de dimisión de Gobierno y de su partido retransmitido a toda la nación.

“Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad.

Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor. (…)

He llegado al convencimiento de que hoy, y, en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia.
Me voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido, desoyendo la petición y las presiones con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto, con el convencimiento de que este comportamiento, por poco comprensible que pueda parecer a primera vista, es el que creo que mi patria me exige en este momento. (…)

Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación.

Yo creo saberlo, tengo el convencimiento, de que esta es la situación en la que nos hallamos y, por eso, mi decisión es tan firme como meditada. (…)

Se puede prescindir de una persona en concreto. Pero no podemos prescindir del esfuerzo que todos juntos hemos de hacer para construir una España de todos y para todos. (…)

Deseo para España, y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias, un futuro de paz y bienestar. Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental de mi vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza que me han otorgado.

Quise corresponder a ellas con entrega absoluta a mi trabajo y con dedicación, abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera que esté me mantendré identificado con sus aspiraciones. Que estaré siempre a su lado y que trataré, en la medida de mis fuerzas, de mantenerme en la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo.

Muchas gracias a todos y por todo.