Paréntesis


El lunes me dijeron mientras felicitaba con retraso un cumpleaños que en los últimos días el blog se había convertido en algo impersonal. Que había dejado de mostrar mi corazón. No son las palabras exactas pero sí el espíritu de lo que querían decirme.

Ese pequeño zarandeo verbal me puso las pilas y ayer traté de recuperar esa parte de mí que se había quedado perdida. Por eso lo del paréntesis. Porque voy a intentar mostrarme de nuevo, porque creo que es como me va mejor. No puedo estar callado, se me ve venir… No es que sea predecible por aburrimiento, es que soy tan claro que asusto.

Eso sí, sólo hoy. Sólo por unas horas, el blog volverá a convertirse en impersonal… hasta cierto punto. En breves horas el Atleti se la juega contra el Athletic en Bucarest… Y, nada, que a ver si ganamos, sólo eso. Que me gustaría volver a gente llenando Neptuno…

Dosmildoce

Quedan pocas horas para que ese reloj de la imagen comience a emitir su familiar letanía de Fin de Año. Se acaba 2011 y empieza 2012. Otro año más.

Es momento para pensar en lo que ha pasado durante los últimos 365 días. Hace un año, tal día como hoy, realizaba un pequeño balance de cómo había sido mi 2010. Apenas lo resumí en 90 palabras. Quizá no tuviera ganas de recordarlo y decidí acabar lo más rápido posible con ese año que, por fortuna, ya no volverá.

Sin embargo, en este 2011 tengo muchos más motivos para escribir, escribir y, desde luego, no parar de hacerlo con alegría. Cierto que ha habido momentos difíciles, especialmente al inicio del año, pero todo lo que ha venido a partir de marzo ha sido/está siendo especial.

Especial porque, entre otras cosas, he podido volver a hacer una de las cosas que más me gustan. He vuelto a sentirme periodista, aunque haya noches en las que tiraría la toalla. Es una de mis grandes noticias del año. He tenido buena suerte, estoy aprovechando el momento. No sé cuánto durará. Pero a día de hoy es uno de las mejores cosas que tengo y no pretende dejar pasar esta oportunidad, este nuevo renacer.

Podría decir que en una de mis entradas del mes de abril hablaba de un atrevimiento. Finalmente, ha podido ir viendo la luz poco a poco… Le ha costado. Pero aquel sueño que crecía entre dudas germinó un día de Navidad muy reciente, hace siete días. ‘El último ángel’ es fruto de aquella locura que, si todo fuera bien, quizá nos permita ir más allá.

Quienes lleváis más tiempo al calor de este blog pudisteis conocer de primera mano cómo fui generando un verano que, inevitablemente, califiqué de inolvidable. No podía ser de otra manera.

He tenido la satisfacción de haber conocido a gente nueve y, en otros caso, haber (re)conocido a otra que estaba ahí pero que, por los caprichos de la vida, nos habían mantenido alejados en los últimos años.

Y, por supuesto, aunque lo deje para el final no quiere decir que sea lo menos importante, hay una persona que me ha llenado durante gran parte del año con muchas cosas buenas. Desde que conozco a esta persona mi vida es mejor, mucho mejor. No quiero ponerme ñoño y escribirle aquí lo que pienso. Tendré oportunidad de decírselo, aunque quizá no haga falta porque lo sabe mejor que nadie. Gracias por ser como eres y por permitirme conocerte. Eres un solete.

Y a vosotros, a los que pasáis por aquí sólo quería desearos un Feliz Año Nuevo. Que 2012 os depare aquello que preciséis: salud, trabajo, amor… Bueno, es lo típico, pero si nos falta algo de todo eso, estamos incompletos. De corazón os deseo que tengáis el año que os merecéis. 

Besos y abrazos.

La tonadillera y yo


Hoy toca otro momento de esos que se pueden calificar de abuelo Cebolleta… Recordáis que hace unos días os contaba que, de vez en cuando, escribiría una entrada en la que rememoraría momentos relacionados con mis momentos de kurro periodístico. Como a partir del lunes voy a volver a sentir esa sensación, sí, vuelvo a la prensa… Yupi, yupi, pues voy a compartir con vosotros algo que me pasó con una famosa tonadillera.

Creo que fue en el año 2002. Lo que sí recuerdo es que fue en FITUR, en Madrid. Uno de los comerciales de la tele había pactado una entrevista con la susodicha porque estaba a punto de inaugurar un restaurante en una localidad del sur de la Península. Era un modo de promocionar el restaurante en Castilla y León y sacar unos ¿euros?, sí, creo que ya había euros por aquel entonces para la tele. (No voy a decir el nombre de la tonadillera, por si acaso me mete un puro, no creo, pero bueno, peores cosas se han visto). El caso es que para allá que nos fuimos mi compi y yo con el comercial.

Nos presentamos y la tonadillera nos recibe de manera cordial, con dos besos y todo. Le hago un par de preguntas previas para tratar de contextualizar un poco la entrevista (el famoseo no es lo mío y ando un poco despistado) y le digo, ‘Venga, empezamos’.

– ¿Tienes todo listo S.? (por esta letra empezaba, bueno, sigue empezando, el nombre de mi compañera)-.
          – Sí, cuando quieras Goyo-.

A lo que en ese momento, la famosa tonadillera me dice:

        – ¿Cómo que todo listo. ¿Tú eres nuevo en esto no?-.
          – ¿Cómo?- inquiero ‘tó flipao’-.
          –  Sí, que tú eres nuevo en esto. Yo con esta luz no trabajo-.
          – Bien, pero es que es la que hay. Yo no puedo hacer nada-.
          – Lo que yo te digo, que tú eres nuevo en esto-.
          – Sí, es verdad. Soy joven (de aquella llevaba año y medio kurrando en medios)-.

Bueno, pues eso que le dije en ese momento fue la mayor afrenta que le pudieron decir a la señora en cuestión. Su ¿ama de llaves? ¿secretaria? ¿mujer para todo? me miró como si hubiera apuñalado a la tonadillera. El comercial me miró como diciendo, ‘la madre que te parió’. Pero yo no entendía el motivo por el que la cantante se quería pirar sin hacer la entrevista que habían pactado. Así que se pasó como cinco minutos despotricando sobre mí y mi compi, con el apoyo de su grupo de fans, tratándonos como ceporros que no sabíamos kurrar. 

Yo le dije al comercial que venía conmigo que nos íbamos, que tampoco era plan de tener que aguantar esa salida de tono. Pero claro, donde manda la pasta no manda el orgullo y te lo tienes que tragar. Eso fue lo que me pasó. Que le tuve que encontrar un sitio donde la señora estuviera a gusto, que le tuve que hacer una entrevista donde tuve que hacerle la pelota hasta límites insospechados y que tuve que tragarme uno de los sapos más grandes me he tenido que tragar jamás. Bueno, yo y mi compi, que ella también se llevaba un mosqueo de tres pares de…

Al final, se despidió de nosotros toda falsa, vaya, como nosotros; pero la alcaldesa del lugar en el que montó su restaurante me pidió disculpas por el trato de la tonadillera y, al menos, me reconoció que yo tampoco le había dicho nada para que ella se pusiera así.