Peter Schmeichel, el gran danés

La primera vez que escuché hablar de Peter Schmeichel fue con motivo de una de la disputa de una de las primeras rondas de la Recopa de Europa entre el Atlético de Madrid y el Manchester United. Era un recién llegado al club inglés y tenía tanto que demostrar que, ya sea por los nervios o por esas cosas raras que pasan en el Calderón de vez en cuando, realizó un partido extraño. Encajó tres goles (el Atleti ganó por 3-0) pero evitó que su equipo se fuera con una goleada mucho mayor. A mí, que por aquella época hacía mis pinitos en la portería, me resultó un ejemplo a seguir. Un portero alto y fuerte pero que, a la par, contaba con unos reflejos felinos… Sin duda, alguien que podría marcar una época en el arco del United.
A partir de entonces, empecé a seguirle. Y como el destino es caprichoso, su consagración definitiva llegó con la Eurocopa de Suecia en 1992. El inicio de la guerra en los Balcanes impidió que Yugoslavia jugara la competición por lo que fue sustituida por Dinamarca pocos días antes del inicio del torneo. Tan es así como que los futbolistas daneses se encontraban de vacaciones y hubieron de finalizarlas y emprender camino a Suecia. Nadie daba un duro por aquel equipo al que, por odios personales, también la faltaba el mejor jugador danés de la historia, Michael Laudrup. Sin embargo, poco a poco los daneses fueron pasando rondas hasta que, finalmente, vencieron la final del campeonato ante Alemania. Y todo, en gran parte, a la actuación de este ‘Gran danés’. Para el recuerdo, sus salidas en las que atrapaba el balón con una sola mano y lanzaba raudo el contragolpe de su equipo.
Sin duda, esta actuación le catapultó en su asentamiento definitivo en la portería del Manchester United. Un club en el que se convirtió en un referente esencial. El equipo comenzaba en él y, junto a sus compañeros, comenzó a dotar al equipo de Alex Ferguson de los títulos que otrora se le negaban. Hasta 5 ligas inglesas conquistó en su estancia con los ‘diablos rojos’ y una Liga de Campeones, la más emocionate de la historia, la que logró el Manchester United en Barcelona frente al Bayern de Munich en dos minutos locos. Sus volteretas tras el segundo gol son tan míticas como las imágenes de Collina intentando ayudar a los jugadores alemanes a levantarse y poder finalizar el partido.
Schmeichel comenzó a construir la última leyenda del United, uno de los grandes de Europa.

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Roberto Baggio, ‘Il divino’

Después del desastre de Italia en la Copa del Mundo de Sudáfrica me apetece recordar a uno de esos jugadores superlativos que pisaron los terrenos de juego durante la década de los noventa. Roberto Baggio, un clásico ‘fantasista’ italiano que saltó a la fama internacional cuando fue traspasado por la Fiorentina a la Juventus por un precio escandaloso para la época, 2.000 millones de pesetas de 1990. A este respecto, debo rememorar una anécdota al hilo de este fichaje. En 1994, durante el viaje de estudios de mi instituto de tercero de B.U.P. (qué tiempos) recalamos en Florencia. Era el mes de febrero y la temperatura era gélida. Así que decidimos comprarnos bufandas de fútbol. Yo cometí el error de comprármela de la Juventus de Turín olvidándome de los apasionados que son los italianos cuando de fútbol se trata. La gente comenzó a mirarme mal. Me insultaban por la calle y yo no entendía nada. Menos mal que un alma caritativa se acercó a mí y me indicó que sería mejor que me guardara esa bufanda si no quería sufrir algún percance. Cuatro años después del fichaje de Roberto Baggio por la Juve aún seguían odiando al equipo turinés.

Pero al margen de mi ‘relación’ personal con Roberto Baggio, debo decir que fue uno de esos futbolistas del que siempre esperabas algo mágico. Especialmente cuando se enfundaba la camiseta italiana. Durante la Copa del Mundo de Italia 90 asombró al planeta fútbol con regates imposibles, con goles de todas las formas y con lágrimas por no haber llevado a su selección al triunfo en Roma. Y es que a pesar de su calidad, Baggio no consiguió un palmarés trufado de éxitos. Dos ligas y una copa en Italia y una Copa de la UEFA. Demasiado poco para tanto talento.
La suerte nunca estuvo de su lado. El Mundial de Estados Unidos, el de 1994, fue el suyo. Era el mejor jugador del torneo. Sus goles eliminaron sucesivamente a Nigeria, a España y a Bulgaria. En la final, esperaba Brasil. Tras 120 minutos de nada el campeón del mundo se decidiría por primera vez desde el punto de penalty. El lanzamiento definitivo era el de Baggio. Si fallaba, Italia perdería. Y así fue. Pese a engañar al portero su disparo se marchó alto, por pocos centímetros, los que deciden el camino a la gloria o el descenso al olvido. La crueldad se cebó con él.
Baggio se dedica en la actualidad a ser embajador de la FAO, organismo de la ONU dedicado a luchar contra el hambre en el mundo.

Lothar Matthäus, el último 10 alemán

La primera camiseta que me compré de un equipo de fútbol fue ésta. La de la República Federal de Alemania en la Copa del Mundo de Italia en 1990. La adquirí en una tienda de las Ramblas de Barcelona en 1991. Llevaba el número 10 y el nombre de Lothar Matthäus, uno de los últimos futbolistas totales, uno de los pocos capaces de sentar cátedra en cada rincón del campo. Ganó todo en el plano internacional, Mundial y Eurocopa. Para siempre quedará el modo en el que condujo a la R.F.A. en el mundial italiano. Desde el primer encuentro se convirtió en el líder de un gran equipo que acabó jugando su tercera final consecutiva y alzando, por fin, su tercer Mundial. Pero para siempre le quedará la espina de triunfar en la Copa de Europa de clubes. Estuvo a punto de lograrla en 1999, pero le sobraron dos minutos. Fue fiel a dos clubes, el Bayern Münich y el Inter de Milán donde saboreó el éxito de los torneos nacionales.
Ahora que quedan pocos días para que se inicie el Mundial de Suráfrica cabe recalcar que es el futbolista que más partidos ha jugado en una fase final, 25, y es, junto al mexicano Carvajal, el único que ha disputado 5 mundiales.
Yo le recordaré siempre por aquella camiseta que compré con 14 años, falsa como ella sola, pero que inundó mi armario durante varios años hasta que el uso y los kilos de más me obligaron a retirarla.

Paulo Futre, el penúltimo ídolo del Calderón

¿Qué darían (daríamos) los seguidores del Atlético por volver a ver correr a Paulo Futre por el Vicente Calderón? Seguro que a mucho de esos pseudo-fichajes que han ensuciado la camiseta colchonera durante los últimos años: Pilipauskas, Pato Sosa, Njegus, Nimny… Menos mal que en nuestra retina siempre quedará Futre. El futbolista eléctrico, el extremo veloz, el delantero de remate imposible… el penúltimo ídolo del Calderón.
Llegó a orillas del Manzanares del brazo de Jesús Gil tras haber sorprendido a la Europa futbolística venciendo la Copa de Europa con su Oporto. Despertó tantos odios en las aficiones rivales como elogios en la rojiblanca, no dejó a nadie indiferente. Su zurda era de ésas que nunca sabías por dónde iba a salir. Al igual que su carácter, contra el que tuvo que lidiar de la misma manera que con los árbitros.
Quizá su mejor momento en el Calderón lo vivió, precisamente, en la cancha del eterno rival. En junio de 1992, el Atlético de Luis jugaba la final de Copa del Rey frente a un Real Madrid herido tras el primer desastre de Tenerife. Mediada la primera parte, el luso recogía el balón en tres cuartos de cancha para hacer lo siguiente.

Poco después reñiría con Gil y se iría a Portugal, Francia, Italia, Inglaterra. Como hijo pródigo, retornó al Calderón en la temporada 1997-1998. Aún me acuerdo del partido que disputó en el Carlos Tartiere, en Oviedo. Entró sustituyendo a un compañero y el estadio entero le ovacionó a pesar de pertenecer al equipo rival. Un gesto de una afición que simbolizaba el homenaje del fútbol a uno de los mejores futbolistas que jamás ha pisado un terreno de juego. 

Paolo Maldini, ‘il bello’

Sólo lleva una temporada lejos de los terrenos de juego pero ya se le echa de menos. El eterno ‘3’ del A.C. Milan dejó huérfana la banda izquierda de uno de sus grandes exponentes. ¿Volverá a haber un profesional como éste alguna vez? Longevo y prolífico. Finalizó su carrera deportiva frisando la cuarentena, pero cualquiera vendería su alma al diablo por llegar a esa edad en semejante estado de forma. Fiel a los ‘rossoneri’, su carrera estuvo trufada de éxitos con un idilio apasionado por la Copa de Europa. Hasta 5 muescas de la ‘orejotas’ perdurarán por siempre en su palmarés. Verlo levantar el trofeo es un clásico de los 90′.
Paolo Maldini, ‘il bello’. El defensa total, el lateral de los ojos azules, el capitán que desafió a los ultras… el gladiador que nunca fallaba.