Capitanes de abril


Estoy convencido de que muchos de los que pasáis regularmente por este blog habéis visto esta película: Capitanes de abril. Es de hace varios años y narra los días previos al 25 de abril de 1974 en Portugal. Han pasado ya 38 años de la Revolución de los claveles pero cuando suena Grandola Vila Morena de José Afonso algo recorre mi cuerpo, una fuerte emoción. 

Fue la señal, el detonante para acabar con Caetano, el heredero de Salazar. Eran poco más de las doce la noche.
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San Patricio

Imagen de Internet

No sé si el hecho de haber vivido tanto tiempo entre Asturias y Galicia haya forjado en mi interior un pequeño corazón celta. Pero es llegar este día, 17 de marzo, y querer celebrar San Patricio, el patrón de Irlanda. ¿Cómo? Pues no sé, pero hoy me apetece brindar con todos vosotros con una Guinness.

Cheers!!!!

Hace un año

Hace un año estaba atacado no, lo siguiente. Habían pasado 14 años desde la última vez que el Atleti había sido campeón de algo. Hace 365 días, el Atleti jugaba contra el Fulham inglés en Hamburgo la final de la Europa League. Y yo estaba nervioso ante la posibilidad de que mi equipo pudiera volver a ser ganador de algo. Y ¿sabéis qué pasó? Pues que ganamos 2-1 y que, por fin, una generación de niños del Atleti vio ganar a su equipo. ‘Dichosos los que creyeron sin haber visto’ fue el título de una campaña publicitaria realizada tras la victoria. Hoy la he tenido que acercar hasta aquí. Fue una gran noche, tanto como ha sido el día de hoy, pero eso ya os lo contaré en otro momento.  

El discurso de un hombre

Estaba a punto de cumplir 4 años cuando Tejero irrumpió en el Congreso para acabar con nuestra joven democracia. Estos días en los que se recuerdan los 30 años pasados desde entonces, hemos visto cientos de reportajes, miles de imágenes, varias entrevistas con aquellos personajes que mantuvieron en vilo al país durante aquellas interminables horas.
Pero hoy me apetece recordar otro instante. Pocos días antes de aquel pleno en el que se iba a aprobar el cambio en la Presidencia del Gobierno, Adolfo Suárez presentaba su dimisión. Lo hacía público a la ciudadanía con un discurso que es un ejemplo para las generaciones políticas actuales y para las venideras. Una lección de honradez y de valentía.
El 29 de enero de 1981 cerca de las ocho de la tarde el presidente Suárez entonaba un emotivo discurso de dimisión de Gobierno y de su partido retransmitido a toda la nación.

“Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad.

Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor. (…)

He llegado al convencimiento de que hoy, y, en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia.
Me voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido, desoyendo la petición y las presiones con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto, con el convencimiento de que este comportamiento, por poco comprensible que pueda parecer a primera vista, es el que creo que mi patria me exige en este momento. (…)

Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación.

Yo creo saberlo, tengo el convencimiento, de que esta es la situación en la que nos hallamos y, por eso, mi decisión es tan firme como meditada. (…)

Se puede prescindir de una persona en concreto. Pero no podemos prescindir del esfuerzo que todos juntos hemos de hacer para construir una España de todos y para todos. (…)

Deseo para España, y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias, un futuro de paz y bienestar. Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental de mi vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza que me han otorgado.

Quise corresponder a ellas con entrega absoluta a mi trabajo y con dedicación, abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera que esté me mantendré identificado con sus aspiraciones. Que estaré siempre a su lado y que trataré, en la medida de mis fuerzas, de mantenerme en la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo.

Muchas gracias a todos y por todo.