Vitali Scherbo, el gimnasta total

Han pasado casi 20 años desde que España organizara unos Juegos Olímpicos. Como siempre, múltiples gestas, hazañas casi irrepetibles y momentos del ideario colectivo que perduran aún en las mentes del aficionado.
Para mí, fueron los primeros Juegos que contemplé como espectador participativo; es decir, que me tragué las innumerables horas de transmisión casi sin despegarme del asiento. Tenía 15 años y los anteriores Juegos, Seúl y Los Ángeles, me pillaron con menor edad y, sobre todo, con transmisiones de madrugada debido a los diferentes husos horarios.
El caso es que del acontecimiento de Barcelona me acuerdo como si hubiera sido ayer mismo. Sobre todo de un gimnasta cuya actuación nadie ha podido repetir desde entonces. Vitali Scherbo, representando a la Comunidad de Estados Independientes (por aquel entonces la URSS se estaba desintegrando y su país, Bielorrusia, aún estaba en proceso de adhesión a estamentos internacionales), alcanzó 6 medallas de oro en gimnasia en unos mismos Juegos. No soy muy aficionado a esta disciplina deportiva pero observar a este hombre cómo se movía por el palau Sant Jordi y cómo afrontaba la ejecución de los distintos aparatos resultó uno de esos momentos mágicos que jamás olvidaré. Su ejercicio de suelo está dentro de esa categoría de sublime.

Steffi Graf, la más grande

Crecí viendo tenis de la mano de esta alemana que no hacía más que vencer y vencer. Mi primer recuerdo me lleva hasta la final de Roland Garros de 1987 cuando le plantó un doble 6-0 a la, por aquel entonces, soviética Natasha Zvereva. Apenas le duró media hora. Con un repertorio genial de saques directos, de ‘passing shots’, de reveses… la alemana me dejó patidifuso. No era su primer Grand Slam pero sí el primero que yo le veía vencer. Era fuerte pero no abusaba de la potencia sino que prefería buscar la elegancia y la colocación para desquiciar a sus rivales. En un momento, además, que quizá fuera la última edad de oro del tenis femenino con jugadoras de la talla de Martina Navratilova, Chris Evert, Arantxa Sánchez Vicario, Mónica Seles o Gabriela Sabatini.
Hasta 22 títulos de Grand Slam fue capaz de acumular en un palmarés envidiable. Después se casó con otro de los héroes de juventud, Andre Agassi, el tenista irreverente que revolucionó el circuito, pero eso quizá sea materia de otra entrada. Vayan estas letras para glosar la figura de una de las mejores tenistas que han pisado una pista desde que tengo uso de razón.

Drazen Petrovic, el genio de Sibenik

Los más jóvenes quizá ya no recuerden a este genio procedente de los Balcanes. Para muchos, el mejor baloncestista que ha dado jamás el deporte de la canasta a este lado del Atlántico. Drazen Petrovic era un mago disfrazado de jugador. Un artista al que la muerte le vino demasiado pronto y demasiado trágicamente. Capaz de la mejor filigrana, del más certero lanzamiento y, también, el más provocador dentro de una cancha. 
El croata empezó joven en el mundo del baloncesto de alto nivel. Con la Cibona de Zagreb ganaba Copas de Europa y sentaba cátedra en cada partido. El Real Madrid, harto de perder la máxima competición continental, decidió ficharlo para crear una escuadra de lujo en la temporada 1989-1990. La misma temporada en la que el equipo blanco perdía a otra leyenda, a Fernando Martín. Sólo estuvo un año en España pero venció la Copa del Rey y la Recopa de Europa. Fue en el partido final de esta competición donde marcó una de las páginas recurrentes de mi memoria deportiva. Anotó 62 puntos en un duelo espectacular con Oscar Schmidt y su Snaidero de Caserta. Se quedó con las ganas de ganar la Liga. El Barcelona de Epi y de Norris era uno de los mejores equipos de Europa y Drazen no pudo con ellos.
Su marcha a la NBA se convirtió en asunto de Estado. Pudo más su ansía de seguir creciendo y probó fortuna en Portland para, finalmente, encontrar su hueco en los Nets de New Jersey. Aquí, seguía quedándose una hora tras cada entrenamiento para lanzar tiros libres y continuar perfeccionado su estilo, una práctica que ejecutaba con disciplina espartana desde que era juvenil.
Un accidente de coche frenó en seco su carrera. Iba camino de Croacia con su novia tras una gira de partidos con la selección. Un camión invadió el carril por el que circulaban en las proximidades de Munich y falleció prácticamente en el acto. Su pérdida dejó un profundo vacío en los que comenzaron a amar el baloncesto con sus jugadas, sus pases, sus tiros y su carácter ganador. Drazen, donde quieras que estés, gracias de corazón.