¿Quién se quiere cargar el ciclismo?


Es verdad que han pasado varios días desde que el TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo) fallara en contra de Alberto Contador. Han sido días de reflexión, de acumulación de informaciones, de valoración de expertos… Pero, sobre todo, han sido días que, al menos para mí, me han servido para darme cuenta de que el de Pinto está limpio, que es inocente.

Si no, no se entenderían muchas cosas. No se entendería que alguien que hubiera hecho trampas metiéndose lo que se hubiera metido saliera tan valientemente ante un ejército de periodistas a soltar las verdades que soltó.

No se entendería tampoco que su director deportivo estuviera allí para apoyarle. No se entendería que Contador se hubiera jugado la vida durante una temporada completa bajando los más peligrosos puertos de Europa. No se entendería que se hubiera esforzado como el que más para demostrar que su nombre está diáfano.

No se entendería…  Y así hasta el infinito, tantas y tantas actitudes del ciclista español en los últimos meses.

No defiendo a Contador simplemente por el hecho de que sea español. En este caso, no soy defensor a ultranza de todo aquello que sea patrio (tenemos muchas cosas de las que avergonzarnos aún). Simplemente considero que se ha cometido una gran injusticia con un tipo que a punto estuvode morir en las carreteras asturianas en el año 2004. Salió de aquella.

Ahora dice que va a seguir compitiendo. Pero el ciclismo es una mafia dominada por gente que no piensa en el deporte. Cinco picogramos de clembuterol son los que se han llevado por delante un Tour de Francia y un Giro de Italia de su palmarés, al margen de otras pruebas. Y, para más inri, sin siquiera haber demostrado que era culpable.

¿Quién quiere matar este deporte? ¿Por qué? No es una pregunta que me hago yo. Se la hizo el gran Eddy Merckx tras conocer la decisión del TAS. Nadie, salvo la prensa internacional enrabietada por los éxitos españoles en múltiples disciplinas deportivas, se ha mostrado partidario de este fallo del tribunal. Ni siquiera quien ha sido el gran beneficiado con el mismo, el ciclista luxemburgués Andy Schleck que se ha convertido, de la noche a la mañana, en el vencedor del Tour de 2010, ése que perdió en lacarretera y, por cierto, tras fallar en un cambio.

Es una pena. Este deporte no se merece tanta saña. Tengo ganas de que alguna vez se investigue el fútbol. Que los ‘vampiros’ vayan a las habitaciones de CR7 o Messi a las cinco de la mañana antes de un partido como cada dos por tres hacen determinados chupasangres con los ciclistas antes de una etapa. O a los jugadores de la NBA, donde la barra libre de anabolizantes y demás está generalizada.

Sólo a los ciclistas. Sólo a los que no se quejan. Sólo a los que se juegan la vida en cada curva. Sólo a ellos se les machaca. Y ya está bien. 

Con las botas puestas

Gracias, gracias y gracias. Estoy emocionado con la etapa que ayer nos regalasteis en el Tour de Francia. Una impresionante muestra del ciclismo que aprendí a amar mientras leía las aventuras de Bahamontes, Coppi, Merckx, Ocaña y que empecé a devorar de modo visual a mediados de los 80’ con Perico, Fignon o Lemond…

Increíble el ataque de Alberto Contador. Una gesta sin recompensa en forma de triunfo pero, sin duda, una gesta que perdurará en la retina del verdadero amante del ciclismo. Ése que ve más allá de los colores de un equipo o de una bandera, de ése que, en definitiva, se emociona con el esfuerzo, el derroche y el sacrificio de un corredor sea cual sea su nacionalidad.

No pude ver toda la etapa por culpa de mis obligaciones profesionales pero seguí la subida a Alpe D’Huez pegado a la radio, a Javier Ares. Cómo transmite este hombre. Era ciclismo de altos vuelos en las montañas más altas, allá donde sólo se posan las águilas y donde los hombres se convierten en leyendas. Un esfuerzo agónico en busca de la túnica más preciada, el maillot amarillo del Tour que aún hoy buscará dueño definitivo.

Contador, los Schleck, Samu, Rolland, Evans, Voeckler… y todos y cada uno de los que ayer se metieron en poco más de tres horas las subidas al Telegraph, al Galibier y al mencionado Alpe D´Huez, todos se convirtieron en protagonistas de un poema épico glosado en cantares presentes, todos sacaron a pasear su casta y su raza para deleite de una afición que necesitaba congraciarse con este deporte.

Fue apoteósico, un regalo para la vista, un recuerdo en forma leyenda para seguir ansiando ver ciclismo.

Sí, Contador no ganó la etapa. Tampoco ganará este Tour, no va a vencer siempre y ya lleva tres, pero murió como sólo los grandes lo hacen, luchando, peleando y dando hasta la última gota de su esfuerzo… Con las botas puestas. Repito mi inicio, gracias, gracias y gracias.

Tarde de bicis

El ciclismo es uno de mis deportes favoritos. Me engancho a verlo en la tele cada vez que aparece y, cada vez que puedo (menos de lo que me gustaría), intento acercarme a ver carreras. El sábado tuve la oportunidad de asistir a la contrarreloj de la Vuelta a Castilla y León en varias de las calles del casco antiguo de Zamora. El recorrido era una pasada, comenzando en la plaza del Cordón y terminando en la plaza de la Catedral y pasando por algunas de las calles más bellas de la ciudad del Duero. Me llevé mi cámara y me lancé a hacer unas fotos… A ver qué os parecen.


Reflejo concentrado
Contador de victorias

La que se me viene encima
Te cacé

¿Le digo algo?

La sombre del ciclista es alargada

Pues no era tan feo

Reconozco que cuando vi el maillot de líder de la Vuelta en su presentación oficial me quedé… un tanto sorprendido. Me chocó ese color rojo con ribetes negros. No me terminaba de convencer. A finales de agosto lo vi en una tienda de bicis y no acabó de gustarme. Sin embargo, una vez visto enfundado en las espaldas de los ciclistas, debo reconocer que queda bastante bien. Además, resulta sencillo de distinguir a la hora de ver la carrera por la televisión.
Confieso que he rectificado en mi opinión y me gustaría felicitar tanto a Custo Dalmau, diseñador de la prenda, como a los organizadores de la Vuelta por su afán renovador y por su atrevimiento con el maillot rojo. Así, que nada, enhorabuena por la elección.

Contador hizo lo que debía

Soy un fiel seguidor del ciclismo, especialmente del Tour de Francia. Me ha acompañado desde que tengo uso de razón  en las tardes de julio. Ayer me quedé un poco traspuesto mientras se disputaba una de las etapas más importantes de la ronda gala. Fue justo en el instante en que al luxemburgués Andy Schleck se le rompió la cadena y Alberto Contador y otros ciclistas decidieron lanzarse hacia adelante sin esperar al ciclista que, hasta ese momento, llevaba el maillot amarillo.
Lo más normal del mundo. La historia del ciclismo está repleto de casos semejantes en los que grandes ciclistas se han valido de estas circunstancias de carrera para lograr sacar tiempo y ventaja a sus rivales. Lo hacía Eddy Merckx, lo hacía Bernard Hinault (que atacaba hasta en los avituallamientos) y lo hacía Tony Rominger, que venció una Vuelta Ciclista a España valiéndose de la caída de Alex Zülle en la bajada de la Cobertoria. Nadie le esperó y ayer nadie debía esperar a Schleck. De hecho, Hinault ha declarado que lo primero que debe hacer el ciclista luxemburgués es aprender a utilizar el cambio de su bicicleta.
Yo voy más allá. La ‘treta’ de Contador, por llamarla de alguna manera, es tan correcta como habitual en el mundo del deporte. El problema surge de los medios de comunicación franceses que, desde el principio de los tiempos, odian a todo lo español. Están hartos de que los ciclistas españoles se impongan año tras año en la prueba francesa. Desde 2006, Pereiro, Sastre y Contador en dos ocasiones (y camino de la tercera) han ganado en París y eso es algo que los franceses no soportan, máxime cuando llevan más de 25 años sin que ningún ciclista galo venza el Tour de Francia. Ahora quieren cargarse a Contador y sólo lo hacen por envidia, pues nada, que sigan esperando y no voy a parafrasear a Maradona, pero es lo único que se me ocurre.