Bye, bye Pucela

 
Hace poco más de un año llegué a Valladolid. He de reconocer que siempre me había dado un poco de miedo esta ciudad. Pero era uno de esos miedos irracionales, de los que no tienen sentido porque, evidentemente, las ciudades no se comen a nadie. Laten, respiran, viven y sienten, pero no se comen a nadie.
 
Han pasado muchos días desde aquel momento en que dije que sí, que tocaba nueva aventura. En este tiempo sólo ha habido cosas buenas. Cierto que alguna mala también ha tocado, especialmente la que me obliga a abandonar esta ciudad, pero he aprendido a convivir con los malos hados.
 
Al poco de llegar, paseando junto a la inacabada Catedral de esta ciudad sentí que la tierra me decía que éste era mi sitio, mi lugar. Me he equivocado. O quizá no tanto. Esta ciudad me ha brindado la oportunidad de recuperar una parte esencial de mí mismo.
 
He vivido momentos inolvidables que, desde luego, no se borrarán jamás. Llevaré para siempre el latido pucelano en mi corazón. No he aprendido a ser leísta, ni tampoco he sabido cogerle el truco a una parte del carácter vallisoletano, tampoco sé aún exactamente qué es una barra de Riche, pero… He aprendido a recuperar a los antiguos amigos, a conocer a otros que no se irán jamás, a compartir la esencia castellana con quien la desconocía, a acudir al cine a ver una película sueca subtitulada a las 9 de la mañana después de haber dormido dos horas, a sufrir semanas completas de niebla, a nieves en abril, a extasiarme contemplando su Semana Santa, a degustar los mejores mojitos en el Herminio´s, a comer las mejores croquetas en El Corcho, a pensar que esta ciudad se queda con uno de mis años inolvidables.
 
En parte lo habéis podido ir viendo durante las entradas que en este tiempo he ido subiendo al blog. Valladolid ya forma parte de mí y la mejor enseñanza que me deja es que los prejuicios no sirven para nada sino para realizar planteamientos simplistas de la realidad.
 
Por todo, muchas gracias a esta ciudad. Seguro que volveré, no sé en qué modo. Te lo susurraré mientras me esté marchando. Queda tranquila Pucela, no te librarás de mí.
 
 
P.D.: Las dos fotos que acompañan a esta entrada son de dos de los rincones en que siempre podréis encontrarme si alguna vez os dicen que estoy en Valladolid. La primera es del Pasaje Gutiérrez, la segunda de la Iglesia de La Antigua.
Anuncios

18 comentarios el “Bye, bye Pucela

  1. Dejas tras de ti una etapa de tu vida y comienzas otra ¿en qué lugar?
    Lo importante es que la ilusión te acompañe allá donde vayas.
    Mucha suerte en tu nueva andadura, Goyo.

    Un beso.

  2. Que bonito todo lo que expresas hoy, Seguro que tendrás nuevos planes pero Valladolid como dices siempre estará contigo, quien iba a decir que la ciudad que “te daba miedo” termino robándote el corazón.

    ánimo y ha seguir adelante!!!

  3. Qué decirte, si ya sabes qué te diría. Ha sido un año estupendo, sí. El próximo, el que empiezas ya mismo, también lo será. Un beso enorme… con sabor a croqueta y mojito, no podía ser de otra manera!

  4. Si sentías que ése era tu lugar en el mundo, es una pena que te tengas que marchar. Pero si es tu sitio, seguro que volverás, eso es algo que he aprendido con el tiempo. A veces hay que despedirse únicamente para volver con la seguridad con la que no llegamos la primera vez. Muchísima suerte en tu nueva aventura. Sea donde sea.

    Un beso

  5. Qué entrada más chula! Supongo que la marcha es forzosa. Espero que allá donde (re)empieces te vaya bien. Valladolid puede sentirse orgullosa de haber acogido a un inquilino como tú!

    Suerte!

Ahora os toca a vosotros

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s