Bajo la cencellada


Cuando amanece con cencellada (para los que no la conozcáis el término os lo explicaré en otra entrada) el ignorante (es decir, yo) piensa que es nieve.

Sin embargo, la despistada… se desorienta. Y es que, claro. Tú te levantas por la mañana y ves todo blanco a tu alrededor. Piensas que esa noche te acostaste en Valladolid pero que por las casualidades del destino o por la fuerza de los sueños despertaste en, pongamos por caso, Rovaniemi.

Pero no. En cuanto pones los pies en la calle compruebas que aquello sigue siendo Valladolid. Apenas tardas dos minutos en cruzarte con un ‘leísta’ que te dice: ‘¿Le tienes?’ Así, como dejando caer la última e.

Al caso, que desvarío. Que iba yo para una rueda de prensa y una mujer me asaltó demandándome auxilio. No podía abrir su coche. Los más de cuatro grados bajo cero habían, según ella, congelado su cerradura y pensó, nada más verme, que mi hercúlea y atlética figura darían resultado y podría encaminarse hacia su punto de destino luego de asistir a mi magistral actuación.

Caballerosamente me acerqué y traté de abrir el coche. Pero no había manera. La cerradura había dicho que ‘nones’ y que aquello no se abría ni a la de tres. Tras varios intentos, una lucecita pareció resplandecer en el cerebro de mi doncella en apuros y dijo:

– Ostras… que no es mi coche-.
– ¿Cómo?-
– Que es aquel de allí, es que son casi iguales-.

Tan iguales como que uno era un Volkswagen y otro un Opel. Eran negros, eso sí. Pero ya se sabe que bajo la cencellada todos los gatos se vuelven pardos, también los coches.
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15 comentarios el “Bajo la cencellada

  1. Otra historia…
    El hombre sale de su casa como cada mañana para ir al trabajo. Recorre la calle para ir a coger el coche, encogiendo los hombros por el frio, como si así el frio fuese menor. Todos los coches están cubiertos de blanco, seguro que le va a tocar quitar una capa de hielo del parabrisas. De pronto se detiene. Entre la niebla de la mañana ve que hay alguen junto a su coche y está tratando de abrirlo. Está intentando robar su coche a plena luz del día. Bueno, es una forma de hablar… con esa niebla no se ve mucho. Iba a empezar a correr para detener a ese tipo cuando ve que no está solo, hay otro ayudándole. Menos mal que no parecen muy hábiles… quiza tenga tiempo de avisar a la policia…

  2. Muy divertida la anécdota pero la verdad es que aquí en esta “santa tierra” ,puedes salir a pasear y tomar el sol,pero ¡animo! que ya llegara el verano,y lo que no mata hace mas fuerte .Un beso.

  3. Jajajaja, y es que las hay que son despistadas… por mucho que la cencellada haga a todos los gatos pardos…
    Igual necesita ir al oculista? tal vez estaba dormida?.. jaja
    en cualquier caso… tendré en cuenta la cencellada…

    besitos mediterráneos.

  4. Por aquí también amanecen helados los campos estos días que estamos a un grado al lado del mar y hace un frío …
    que pela, pero después luce un sol espléndido, no hay ni rastro de niebla, que me imagino que será lo que produce las fuertes cencelladas.
    Esa mujer creo que aún llevaba pegadas las sábanas.
    Muy divertida la anécdota!!!

  5. jajaja como para que hubiera aprarecido el dueño del coche en ese momento!!!
    Al cuartelillo en ves que a la rueda de prensa… La noticia la protagonizaba el reportero!!!

    que mañanita!

    Besos 🙂

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