Sueños de periodista



Cuando era chiquitajo y tenía un Amstrad PCW 8256 con la pantalla verde y unos discos extrañísimos jugaba con mi único videojuego de fútbol. Era el ‘Matchday II’ y se podía cambiar el nombre a los equipos. Siempre ponía equipos españoles porque me sabía los nombres de los jugadores y, así, mientras jugaba, narraba los partidos de fútbol. A mi estilo, nada bueno por cierto. Además, lo grababa en mi radiocasete de doble pletina sin chillar demasiado para no molestar ni a mi hermana ni a mis padres.


Cuando aún era más chiquitajo, con cuatro años me levantaba temprano. Dormía casi tan mal como ahora. En invierno, me colocaba mi bata por encima del pijama para no tener frío. La casa no estaba en silencio porque mi padre ya estaba afeitándose y escuchando la radio en el baño. Yo me iba al salón. Cogía el periódico que él había dejado el día anterior encima de la mesa, normalmente ‘La Voz de Galicia’ o ‘Diario 16’ y me ponía a leerlo. Cuando había algo que no entendía cogía la ‘sábana’ y la llevaba al baño y le preguntaba que qué ponía ahí. Y él siempre solía responderme el nombre de una ciudad extranjera, Washington, Francfourt… Todo demasiado grande para una mente tan pequeña como la mía.

Quizá fueron dos puntos de inflexión en mi deseo de querer ser periodista. O quizá el hecho de querer escribir y contar cosas por encima de todo.

Atiende esta larga parrafada inicial a que el sueño de hoy del periodista no pasa por contar cosas. Al menos las nuevas generaciones no tienen esas inquietudes.

Os cuento algo.

Hace unos días bajaba de la Junta después de haber asistido al Consejo de Gobierno y a una reunión del presi con la vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, sí, aquella ínclita ministra de Fomento que tuvo a bien Zetapé a concedernos.

El caso, que me piro por los cerros de Úbeda. Bajaba en el bus con un compañero de una emisora de radio, una de color azul. Íbamos hablando de lo mal que estaba la profesión. En su caso personal, aún más sangrante que en otros. Hablando, hablando, me comentó algo que me dejó loco. “A mí lo que me encantaría es trabajar es de jefe de prensa en alguna institución”.

Vale. Aclaro. Puede que algún día a mí me toque acabar haciendo eso mismo. Pero no es mi sueño. Mi sueño es salir por las mañanas a contar cosas. A crear historias de lo cotidiano y transmitirlas al mayor número posible de gente. No me gusta lo que hacen muchos compañeros que trabajan en gabinetes de prensa que lo único que hacen es entorpecer la labor de los que trabajamos haciendo las preguntas.

Porque, para los que no estéis muy acostumbrados a estos ‘fregaos’, los jefes de prensa, salvo honrosas excepciones que se cuentan con los dedos de una mano, lo único que hacen es fastidiarte al máximo a la hora de poder acceder a un determinado personaje, normalmente político.

Poco después de aquella conversación en el bus, apenas una semana, hablando con otro compañero de otra radio, esta vez de color amarillo, me comentó que el 80 por ciento de los periodistas que acude al Consejo de Gobierno estaría encantado de ser jefe de prensa y que eso se nota en el modo de preguntar. Totalmente de acuerdo.

No quiero pecar de romántico, pero lejos quedaron los tiempos en que los periodistas soñaban con ir a la guerra. Yo no fui de esos, aunque si me toca ir alguna vez, os aseguro que iría encantado, pero la profesión se está, no sé cómo decirlo, burocratizando o acomodando en ser una transcripción tras otra de nota de prensa tras nota de prensa.

No hay dinero. Los medios se hunden y los periodistas, el eslabón más débil de la cadena, sufren en primera persona los ataques furibundos de la crisis. Todo se quiebra. La semana pasada cayeron cerca de 50 entre dos medios, uno gallego y otro nacional, y cerró una revista mítica, ‘Don Balón’.  Por no hablar del ‘sí pero no’ del Consejo de RTVE de querer controlar las escaletas de los informativos.

Quizá esta semana no caiga ninguno, pero la próxima volverá a haber periodistas en la cola del paro. Quizá sobremos, pero a mí lo que me sobran son los sueños. Y quiero seguir contando cosas, rellenando páginas en blanco, o minutos de silencios u horas de imágenes.
PD. Perdón por la rabieta.
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10 comentarios el “Sueños de periodista

  1. Tu entrada describe muy bien la realidad de una profesión que ha perdido su encanto. Las malas condiciones laborales y las presiones de las empresas informativas no ayudan a que los periodistas apuesten por los principios de la profesión: la independencia y la verdad. Mejor traicionarse a uno mismo y tener para llevar los garbanzos a casa que andar de quijotes por la vida y morirse de hambre. Ésta es la triste realidad.

  2. Cietamente, no conozco mucho la profesión, ni la situación real a nivel laboral de los periodistas, pero si que he oido muchas veces lo de la burocratización… sin meterme ya en los “periodistas del corazón” que esos son los que ganan todas las partidas haciendo algo que ni es periodismo ni es nada…
    Ahora cualquier vale para salir en la tele y decir lo que piensa de tal o cual famoso, como si hubiera estudiado periodismo…

    Es increible como esta sociedad se conforma con tan poco…
    Donde está el tema de la información veraz y contrastada??

    Ten todas las rabietas que quieras… al fin y al cabo estás en tu derecho de defender lo que te gusta hacer…
    Un besito.

  3. Ante todo, no pierdas nunca la ilusión por ejercer la profesión que elegiste desde tu más tierna infancia. Ánimo, Goyo y sigue escribiendo. Lo haces muy muy bien.

    Besos.

  4. No estaba enterada de que vosotros lo periodistas también estabais siendo afectados por la crisis y el paro.
    No estoy informada de los entresijos de la profeción pero hasta lo que yo, persona corriente, me doy cuenta es que hoy el día en la tele solo hay periositas del corazón, incluso se pasan de los informativos a los magasines.
    Lo periodistas serios aparentemente al menos están en la radio.
    Me encanta esa descripción de tu mundo a los 4 años y como ya a esa edad tenías interés y apuntabas maneras.

    Ánimo goyo, es normal enfadarte.
    Tienes mucha razón pero lo importante es que no olvides tus sueño para que algún día no muy lejano se hagan realidad.

    Besos Goyo 🙂

  5. Goyo, desgraciadamente ocurre lo mismo con muchas otras profesiones (me atrevería a decir que un 99.9%). Para traer garbanzos a casa a veces tenemos que tragar con lo que no nos gusta.

    Triste realidad. Pero realidad al fin y al cabo. El culpable, como siempre, el poderoso caballero.

  6. Goyo, de toda esta historia que cuentas, me quedo con la primera parte, cuando jugabas con tu Amstrad , 'radiabas' tus partidos y hacías preguntas a tu padre. Mi primer ordenador también fue un Amstrad -no recuerdo la serie- pero ya era muy mayor y me dedicaba a cosas 'serias', pero no mejores que tus inicios periodísticos.

    Comprendo que ya eran una parte de ti aquellos primeros pinitos y que la cochina realidad te hace ver con ojos algo tristes en qué se ha convertido parte de aquellos sueños infantiles. No corren buenos tiempos para la 'lírica', pero lo importante es no desalentarse y seguir intentándolo.

    Esa foto que adorna tu entrada me suena… Me pasé por esa calle detrás de la Catedral Nueva hace unos días y entré en esa 'casa'. La cara de ese 'señor' del bigote también me suena…

    Suerte y ánimo

  7. Este tema me indigna bastante, sobretodo en vuestro terreno, cuando estamos viendo en telecinco personajillos que están ocupando puestos que podrían y deberían hacerlo periodistas: entrevistadores, tertulianos, presentadores de programas, ……etc.
    Ya hice una entrada en el blog al respecto porque me pone ¡Furiosa! sobretodo por la incultura que muestran y que, al mismo tiempo, se convieten en modelo a seguir por algunos sectores de la sociedad … los más indefensos : niños aparcados delante de un televisor.
    Yo también pido perdón por la rabieta.

Ahora os toca a vosotros

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