La radio que me parió

Tengo un pequeño vicio todas las mañanas. Casi antes de ir al baño, o de desayunar, o de acercarme hasta la ventana para ver cómo amanece el día, mi primer gesto matutino es encender la radio. Tengo una necesidad fundamental de sentir las ondas y escuchar esas voces que transmiten cercanía y calidez.
Recuerdo de siempre a mi madre enganchada a la radio mientras preparaba el desayuno para mí y para mi hermana. Vivíamos en un pequeño pueblo de Asturias, muy alejados de las grandes ciudades, por lo que únicamente teníamos la posibilidad de escuchar Radio Popular, la COPE. Recuerdo la voz inconfundible de Luis del Olmo y sus ‘Protagonistas’, aquellas tertulias políticas que no terminaba de comprender pero que me transmitían de serenidad. Luego, cuando volvíamos del cole por la tarde era Encarna Sánchez la que se colaba en nuestras meriendas antes de ver ‘Barrio Sésamo’. ¡Qué poderío el de aquella mujer y qué lastima su temprana desaparición! Después, por la noche, me colocaba mis cascos y escuchaba una emisión local de discos dedicados de la que toda la comarca de la ría del Eo vivía pendiente.
Así fue como comencé a aficionarme a la radio. Cuando llegaba el fin de semana necesitaba sentir los goles, las canastas, las pedaladas… Era ‘Tiempo de Juego’ y era Agustín Castellote quien nos unía a mi padre y a mí al calor de la radio deportiva.
Luego ya nos fuimos a una ciudad más grande, a Oviedo, y ahí pude conocer otras voces que me habían sido esquivas por el capricho de las ondas: José María García (el más grande), Antonio Herrero, Miguel Ángel García Juez, Carlos Novoa, Joaquín Luqui, Ángel Álvarez… la mayoría de ellos de Antena 3 y de 40 Principales, las dos emisoras que sintonizaba recurrentemente en mi primera adolescencia.
Más tarde llegó Iñaki Gabilondo quien durante los cuatro años de carrera me despertaba mientras Carlos Llamas, José Ramón de la Morena o Juan Antonio Cebrián me daban las buenas noches. Pero también me enganché a José Antonio Abellán y a Gomaespuma, reyes del humor.
Ahora sigo fiel a la radio. A Carlos Herrera, a Javier Ares, a Paco González, a Pepe Domingo Castaño, a Carlos Alsina, a Bruno Cardeñosa y, a veces, a Federico Jiménez Losantos, para encabronarme y espabilar en las mañanas plomizas.
Pero, por siempre, mi voz de la radio será la de Enrique Martín, en COPE Zamora. Aquella voz me dio paso a finales de un mes de junio, en pleno San Pedro, y que me permitió cumplir con el sueño de que, alguna vez, mi voz también formara parte de la madre radio. Gracias a todos los que me habéis emocionado y gracias a todos los que han de venir para emocionarme.
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