No entiendo el arte moderno

¿Seré limitado? ¿Es mi intelecto menor al de los intelectuales que se quedan fascinados ante la contemplación de cualquier cosa y ven arte? ¿O simplemente el arte moderno está hecho para mentes más poderosas?
Supongo que será un compendio de todo lo anterior. ¿Qué es arte? No lo sé. Hoy en día casi todo sirve para ser considerado como tal. Los que hoy son reconocidos maestros de la pintura o de la arquitectura fueron considerados unos transgresores en su tiempo; Dalí, Matisse… y tantos otros. Pero, ¿fue así siempre?
La respuesta es sencilla. No. No sucedió siempre lo mismo. La desvinculación del pueblo con el arte actual es otro signo de la modernidad. Para muestra, un botón. Cuando Miguel Ángel terminó de esculpir su insigne ‘David’ (una de esas obras eternas de las que te quedas prendado cuando las ves) hubo de trasladar la escultura desde su taller hasta el centro de Florencia, hasta la Piazza della Signoria, el lugar elegido por la ciudad para ubicar la obra. Pues bien, durante ese traslado los florentinos salieron a la calle para vitorear el paso de la escultura. Todos la comprendían, todos sabían qué era lo que representaba, todos veían los cánones de belleza clásicos en cada golpe de cincel y martillo ejecutado por Miguel Ángel. 
¿Saldría usted a la calle, pongamos por caso, en un traslado de un cuadro de Tápies, por ejemplo? Lo dudo mucho. Primero porque tendremos cosas mejores que hacer y segundo porque diremos ¿eso qué es?
Es lo que sucedió en Salamanca en fechas recientes. El festival de las Artes de Castilla y León se celebró a comienzos del pasado mes de junio y una de las propuestas era la siguiente. 
La voy a explicar. Se trata de una de las plazas situadas entre la Rúa Mayor, la Casa de las Conchas y la Clerecía, la comúnmente conocida como la calle de los tres coños. ‘Coño, la Casa de las Conchas; coño la Pontificia; coño, ¡qué frío hace! Pues bien, el caso es que la artista Rebecca Ringst planteó unos andamios simulando la futura construcción de un hotel en una zona del todo imposible. De este modo, pretendía alertar sobre los peligros de la construcción desmesurada que podría llevar a acabar con uno de los espacios más clásicos y más míticos de la capital del Tormes. ¿Salió la gente a la calle para darle la enhorabuena por su creación? No. Definitivamente, no. Creó polémica sin más. ¿Por qué es arte lo que ella planteó y no lo que efectúa un albañil en su quehacer diario? No, yo no entiendo el arte moderno. Hay público para todo pero prefiero quedarme en una visita al Prado, a la National Gallery o al Louvre antes que perder mi tiempo con este tipo de instalaciones que insultan a mi inteligencia.
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