Libros de arena, páginas de agua

Hay ocasiones en las que me convierto en un auténtico ‘voyeur’. Me gusta más permanecer callado observando a personas, lugares o cosas que hablar, hablar, hablar… Es una forma, también, de aprender: de conocer reacciones, de captar gestos, de capturar momentos que cuando hablas… se pierden y pasan de largo irremediablemente.
Uno de esos momentos es cuando paseo junto al mar, en la playa. No suelo ponerme música para dar una caminata por la arena, simplemente, me fijo en casi todo lo que sucede a mi alrededor. Y no, no penséis mal. No soy un mirón de esos que se quedan mirando a las chicas en bikini. Me centro, por ejemplo, en qué es lo que está leyendo la gente cuando está en la playa. Es un experimento interesante. Es una mezcla de curiosidad y de necesidad. Soy un lector empedernido y, quizá así, me encuentre con un algún título nuevo que llevarme para casa en una futura visita a una librería.
Y es que no nos engañemos, junto al mar existe un peculiar ecosistema lector que resulta ciertamente sorprendente. Están, por ejemplo, los que no sueltan un diario. Las más de las veces coincide con el ‘Marca’ o el ‘As’; uno no es nadie si no conoce qué pasa en los entresijos del mercado futbolero en verano. Para la variante femenina de los que tiran de kiosko nos encontramos con mujeres ávidas de ‘Cuore’, ‘In touch’ o, cómo no, las más clásicas y veteranas que recurren al ‘Hola’ para enterarse y, sobre todo, criticar, las miserias de nuestros ídolos de barro.
Subiendo un peldaño en el escalafón están los que utilizan el libro de bolsillo. Aquí hay infinidad de posibilidades. Los pequeños recurren a tebeos de los que ahora ya no reconozo a casi ningún personaje; los adolescentes (especialmente ellas) siguen enganchados a ‘Crepúsculo’ o coquetean con cualquier ensoñación de Stepehn King ; los treintañeros tiramos de ‘best seller’ como Camilla Läckberg (‘La princesa de hielo’), Pérez Reverte (‘El asedio’) o Federico Moccia (‘Perdona si te llamo amor’), sin olvidarnos, por supuesto, de Stig Larsson, Matilde Asensi o John Grisham; los más maduritos se decantan por algún clásico que nunca pasa de moda  o por novelas románticas y los más veteranos rememoran sus años dorados de juventud con Joaquín Estefanía o Corín Tellado.
Al margen de todos estos están los que prefieren llevarse los apuntes a la playa y estudiar para los exámenes de septiembe; ojo que ya no queda nada. Pero, claro está, éstos, finalmente, lo único que hacen es pasear los folios y acaban, casi siempre, jugando a las palas o tomando el sol.
Pero los mejores son los filósofos. Son los que llevan un libro muy gordo, muy gordo, muy gordo… vamos gordísimo a la playa y lo dejan encima de la toalla. Hablamos de unos personajes que utilizan el libro como ¿reclamo?, ¿sujetatoallas?, ¿arma de destrucción masiva en caso de ataque de mosquitos? Llegan a la playa, sacan el libro y lo colocan ahí. Y ahí se queda durante todo el tiempo que pasa junto al mar.

¿Qué libros os gusta leer en la playa? ¿Existe algún alma caritativa que me regale una recomendación?

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3 comentarios el “Libros de arena, páginas de agua

  1. Yo soy de los filósofos! jajaj… Pasear el libro está bien, así se reflexiona entre lectura y lectura… Eso de los que hablan, hablan y hablan… lo dices por mi??? jajaj!!!

Ahora os toca a vosotros

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