La huelga indecente

Nadie puede sustraernos del derecho a la huelga. Es uno más de los ejercicios públicos democráticos que nos confiere la Constitución. Todo aquel trabajador que se sienta perjudicado en sus intereses laborales puede acogerse a este derecho para conseguir que no se le rebaje ni un ápice sus retribuciones o beneficios reconocidos a través de una negociación previa. Hasta aquí todos de acuerdo.

Pero también hemos de convenir que el derecho de otros a acudir a la huelga no puede entrar en conflicto con el derecho de otros a trabajar. Por eso también están garantizados unos servicios mínimos que, por el bien de todos se deben cumplir. La situación que en estos momentos se está viviendo en el metro de Madrid es, sencillamente, indecente. No hay otro calificativo. A los sindicalistas se les ha ocurrido dejar a una ciudad del tamaño de Madrid sin uno de sus principales soportes para el quehacer cotidiano. Madrid se mueve en Metro. Es uno de los mejores, modernos y más baratos de toda Europa, funciona bien, es relativamente puntual y conecta casi con cualquier punto de la capital y de las poblaciones cercanas. El caso es que a los sindicatos se les ha ocurrido joder a todo el mundo. Son más de dos millones de personas los que toman el suburbano a diario en Madrid. Tan trabajadores o más que los sindicalistas que protestan hasta el infinito y que durante los días que prosiga el paro en el metro deben buscarse alternativas que les obligará a levantarse mucho antes, llegar a casa mucho más tarde o gastarse más dinero teniendo que recurrir a su vehículo particular (quien lo tenga) o al taxi.
Cuando no se garantizan los servicios mínimos en una huelga pienso que se cae en la ilegalidad. Me parece estupendo que protesten, que luchen por lo que consideran suyo, pero cuando alguien comete una ilegalidad debe pagar por ella. Y es que, me pregunto: ¿por qué en lugar de ir a la huelga de esta manera no se les ha ocurrido seguir haciendo su trabajo y que los usuarios del metro no paguen su billete? De este modo la empresa dejaría de percibir sus ingresos ordinarios y los ciudadanos podrían continuar con su quehacer cotidiano.
A mí no me afecta la huelga. No vivo en Madrid, pero me pongo en la piel de todos y cada uno de los trabajadores que se han sentido vejados por unos irresponsables sindicalistas cuyo único destino en un país decente sería la cola del paro.
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2 comentarios el “La huelga indecente

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