El cine tras el muro

Dos decenios después de la caída del muro de Berlín, no cabe duda que Alemania es, quizás junto a Francia, la locomotora de una Europa unida que, en ciertos momentos, parece descarrilar. Su fortaleza económica ha permitido, paralelamente, que haya nacido una corriente artística alejada de estereotipos, sin complejos y a la vanguardia de movimientos culturales. París, Londres y Barcelona han cedido peso y espacio en favor de Berlín, para muchos, la auténtica capital del arte europeo.
El mundo del cine no podía ser ajeno a esta tendencia. En las últimas semanas he tenido la suerte de acercarme, ora por casualidad, ora por curiosidad, a una serie de películas que no me han dejado indiferente.









Así, por ejemplo, ‘La ola’ es una película que te hace reflexionar acerca de la vulnerabilidad de la mente humana. De lo sencillo que sería volver a manipular las cabezas de un grupo y reinstaurar un régimen político alejado de los ideales democrácticos. Sería, tan sencillo, como saberlo llevar a cabo. Dennis Gansel es el creador de esta cinta. El mismo que en 2004 rememoró en Napola el hermético mundo de las escuelas de élite del Tercer Reich. En ‘Napola’, el drama se vive en cada segundo del metraje. Película altamente recomendable.
El telón de fondo de ‘Mein führer’ no hace falta ni mencionarlo. Sin embargo, no es un relato de la vida de Hitler, es más bien, la parodia de un personaje y de sus acólitos llevada con maestría y humor por Dani Levy. Humor por todos sus lados destila ‘Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas’. Un retrato fidedigno a ratos, disparatado en ocasiones de las relaciones actuales de la generación de entre 30 y 40 años. Obra de Leander Haussmann plena de ocurrencias.
De otro tipo son las relaciones que mezcla Marco Kreuzpaintner en ‘Tormenta de verano’. Una lucha por el despertar de los sentimientos sexuales de jóvenes quinceañeros en un campamento de remo. Sin aspavientos ni mal gusto, con sensibilidad. Y así, una gran cantidad de películas que en los últimos años han convertido a Alemania en el país generador de contenidos atrevidos para el cine. Buena prueba son los casos de ‘El experimento’ de Oliver Hirschbiegel o la aclamada obra maestra de Wolfgang Becker, ‘Goodbye Lenin’, sin duda una de las películas que nadie debería perderse. Una película donde el amor a la familia y el amor a los ideales recorren cada escena. Otro clásico ya es ‘La vida de los otros’, donde salen al descubierto las artes oscuras de los servicios secretos de la República Democrática de Alemania.
Lo dicho, que el cine alemán goza de buena salud. La pena, la dificultad que muchas de estas obras tienen para abrirse un hueco en las carteleras. Cuando lo hacen, además, apenas duran en su lugar… El temor a lo desconocido ahuyenta a las mentes a las que se les olvida que pensar es algo que debe hacerse todos los días.
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