Petardeando

Ayer por la tarde venía de comprar. Yo iba tan tranquilo pensando en mis cosas. Recordando que, una vez más, se me había olvidado algo entre las estanterías del supermercado. Absorto en mis mundanos pensamientos, de repente, un fuerte estrépito vino a recordarme que las dos primeras hojas del calendario de 2010 ya han caído. Ha llegado marzo y, con el mes, la barra libre de petardos, bombitas, pólvora y dinamita. Al menos en la Comunidad Valenciana.
Huelga decir que me cagué en todo lo cagable porque el ruido del petardo provocó una trágica reacción en cadena. La señora que venía de frente chocó conmigo empujándome contra la pared y, como Murphy es un señor muy majete, yo llevaba una docena de huevos recién comprados que chocaron contra la pared originando una bonita tortilla.
Miré alrededor y el causante de tamaño estropicio había sido el proyectil lanzado inconscientemente por un enano de seis años. Eso sí, bajo la atenta supervisión de su padre, más pendiente de las tetas recién operadas de la madre de un amiguito de su hijo, que del pequeño terrorista que había engendrado. No contento con su hazaña, el ‘lanzapetardos’ ya estaba asiendo la mecha para repetir actuación (y eso sin que el público le dijera aquello de ‘otra, otra, otra’). Fue entonces cuando salió el pequeño gran cafre que todos llevamos dentro y me encaré con el padre. Le expliqué, lo más educadamente que pude, la situación vivida. Aquí vino lo mejor. El hombre que se quedó en mono salió por su boca y me espetó un grandilocuente: ‘Estamos en Fallas’.
Acojonado por su razonamiento me dije: ‘Acabáramos’. Es decir, plena disponibilidad para ir jodiendo la vida al personal, tirar petardos sin mirar siquiera hacia dónde caen y, sobre todo, jugar con pólvora y con dinamita como hace cualquier otro chiquillo a esa edad.
Entiendo las Fallas. Me gustan. Pero de ahí a que se pierda el sentido común… Media un abismo. Es como si en Pamplona, en ‘Sanfermines’, cualquiera pudiera acudir con su ganadería y soltar las reses por las calles atestadas de gente: ‘Ah, como estamos en Sanfermines, todo vale’.
Supongo que todo se reducirá a una simple ecuación: Educación + sentido común= CIVISMO. Es decir, aquel que quiera tirar petardos… que se harte a hacerlo pero que las consecuencias de sus actos no repercutan en mi deseo de poder llegar a casa sin sufrir taquicardias.
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